DISCURRIENDO EN NUESTRA REALIDAD
En términos generales, como país, puede afirmarse que tenemos las siguientes características:
Un porcentaje importante de la población rural no posee tierra para trabajarla directamente, por lo que se emplea en la producción de artesanías, en el sector informal de ventas. Una parte de este segmento de la población rural alquila pequeñas extensiones de tierra y básicamente para la siembra de maíz. El nivel de educación es en general de analfabetismo. En este segmento se concentra el mayor porcentaje de la población en extrema pobreza y la mayor población indígena.
DESARROLLO RURAL EN GUATEMALA
Otro porcentaje importante de la población rural sí posee tierra para cultivarla directamente, pero en extensiones que le permiten únicamente alcanzar su subsistencia. Aquí estamos frente a la mayor parte de la población rural pobre. Propiedad y en la Posesión actual, convirtiéndose en un gigantesco obstáculo para las iniciativas de desarrollo, dentro de un sistema financiero que se rige por el mercado y las garantías demostrables.
¿CÓMO VAMOS A ALCANZAR NUESTROS OBJETIVOS
DE DESARROLLO RURAL?
Teóricamente es difícil encontrar oposición alguna a los objetivos de política de desarrollo rural trazados anteriormente, sin embargo, donde se encuentran opiniones encontradas es en el cómo alcanzarlos y ello tiene que ver con la percepción de la realidad en que vivimos y el nivel de conocimiento en general que se tiene sobre ésta.
Un nivel diferenciado de conocimiento sobre la realidad lo único que logra es retardar las posibles soluciones al problema, pues se debe de comenzar dando los conocimientos para generar una propuesta de consenso.
Así por ejemplo, los dos extremos de la percepción serían, por una parte, los que creen que distribuyendo la tierra se alcanzara una mejor situación en el área rural, perjudicando a un pequeño número de empresarios agrícolas y favoreciendo a la gran mayoría de población campesina empobrecida, y por otra, los que insisten, sin entender el problema de fondo, que la distribución de la tierra no es la solución y que por el contrario, lo que se necesita son reglas claras que permitan, promuevan y consoliden la inversión privada, la apertura de nuevos mercados para conseguir mejores precios, la productividad para incrementar la rentabilidad.
LA ESCUELA RURAL EN GUATEMALA.
Nada ha sufrido cambios tan radicales en la vida como la Educación misma. Cada época y cada cultura crean su propia filosofía y nos encontramos ahora con una doctrina muy distinta a la que se sustentaba anteriormente.
Desde sus inicios la educación sistemática ha variado en su sujeto y en el objeto. Hasta hace muy pocos años, la escuela tenía como único sujeto educable al niño y aun teniendo un sujeto común el objeto educativo ha sido variable. Hace años predominó el positivismo donde el hombre se sacrificaba al progreso mecánico, abandonado por completo sus valores espirituales.
La técnica fue el sentido formativo, se prefirió entonces la conquista de elementos materiales, al desarrollo de otros valores de la vida. En contraposición a esta teoría surgió otra que sostenía un idealismo absoluto para lo cual todo lo real era espíritu; se concebía al hombre espiritualmente sin ninguna relación vital. Estas teorías van quedando rezagadas para dar paso a la que ha tenido mayor aceptación en los últimos tiempos: concebir al hombre en una unidad vital espiritual, como bien dice Montaigne en el libro Pedagogía Fundamental: "Lo que hay que educar no es un alma ni un cuerpo, es un hombre". Se pretende pues ese acercamiento de los valores espirituales y materiales, dar una nueva imagen que supere a la racional del idealismo ya la materialista del positivismo.
Hay una total oposición a las teorías tradicionalistas y contra su pedagogía atomicista surge una nueva educación, encauzada hacia la totalidad ser humano, una nueva pedagogía con una intensa fuerza de vitalismo que da nuevo contenido al problema de la educación.
No es pues ya un proceso de formación e información del intelecto, ni es la tarea de conocer lo que está fuera del hombre, tiende a todos sus aspectos, constituye un estimulo para todas sus posibilidades, no sirve solamente para una porción de hombres, tiene un ideal único: la formación de la plenitud humana.
La pedagogía actual considera al hombre como un ser espiritual en el mundo de la cultura sin aislar su relación con la naturaleza.
Pero además de este cambio, se ha operado también otro tan importante como es el que ya no es esa educación artificial que llenaba su cometido instruyendo al niño en un mundo irreal que se desvanecía al atravesar éste los umbrales de la escuela. Además una reforma de trascendencia en el sujeto. No es el niño quien conseguirá el cambio de actitudes, porque las generaciones jóvenes sólo se acomodan gradualmente a la de los adultos. Tal ha sido el convencimiento de todos los estudiosos de la educación, que actualmente ya no se concibe un plan educativo pensando solo en los niños. Anteriormente éste (el niño) era el punto de partida y la meta de todo plan educativo porque se veía en él el futuro de la vida de los pueblos y porque se pensaba entonces que sólo él era susceptible a cambiar.
Esta errónea creencia ha mantenido por mucho tiempo estancada la cultura de los pueblos, pues esa educación que recibían en la escuela era fácilmente destruida por la informal, pero igualmente influyente del hogar, donde a través de ejemplos e imitaciones, de costumbres y tradiciones, le iban legando la cultura de sus antepasados. La experiencia, el estudio de la situación, nuevos intereses, nuevas finalidades han hecho variar el fin de la educación y ahora nos encontramos con que la meta por alcanzar es la formación individual y social de los pueblos mediante la educación, pero con una concepción más amplia de ésta, no refiriéndonos a la instrucción recibida dentro de una escuela, como organización aislada de la comunidad, totalmente apartada de los intereses de la colectividad.
La escuela que hoy se pretende es aquella que constituya la parte misma de la comunidad, donde el niño se desenvuelva en su propio ambiente. Un lugar donde el mejor texto sea la vida misma con sus innumerables situaciones, donde el niño viva su propia vida, se atienda sus intereses y necesidades y se le ayude a la resolución de sus propios problemas. Los principios de la escuela moderna deben variar de los de la tradicional. A la imposición desde arriba, debe oponerse la expresión y cultivo de la individualidad, a la disciplina externa la actividad libre; al aprender de libros abstractos, el aprender mediante experiencias, a la adquisición de técnicas y destrezas aisladas por adiestramiento, la adquisición de aquellas como medio de alcanzar fines que interesen directa y vitalmente; a la preparación para un futuro más o menos remoto, la máxima utilización de las oportunidades de la vida presente; a los fines y materiales estáticos, el conocimiento de un mundo sometido a cambios". Pero la clave del éxito de la educación estriba en un punto de relación de la escuela y la comunidad. La primera no puede nunca ser considerada como un factor aislado de la segunda, porque despreciar las conexiones sociales y políticas que existen entre ambas sería un error.
La escuela es parte de esa corporación y como tal, sólo puede ser considerada dentro de la naturaleza del organismo. De escuela y comunidad, pues, nunca podremos hablar como de dos cosas distintas. Las dos se complementan porque las dos educan, pero deben estar en intima relación puesto que ya vimos que la educación espontánea tiene gran influencia porque está ligada con sus creencias y costumbres, "con esa vida que es herencia de sus padres y que por lo mismo sienten buena y porque les proporciona idea de seguridad".
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE APOYAR
A LAS ESCUELAS RURALES?
La relación entre la participación comunitaria en la gestión de la escuela rural y la eficiencia y eficacia en el logro de la equidad educativa no es inmediatamente evidente. Sin embargo, desde hace años se sabe que los programas destinados a mejorar el bienestar de la población rural pobre sólo son efectivos cuando los beneficiarios participan en la toma de decisiones.
Los habitantes pobres de áreas rurales no son recipientes vacíos, a beneficiarse pasivamente por la obra de planificadores omniscientes. Lejos de ello, tienen conocimientos de su medio y de la compleja evolución del tejido socioeconómico local que superan con creces los conocimientos que tienen los expertos sobre estos aspectos esenciales.
Este tejido socioeconómico, que abarca las instituciones informales de la comunidad rural, es también una red de intercambios de bienes y de información de importancia vital para un proyecto que pretende intervenir y mejorar esa realidad.
De esta manera, la comunidad (con todas sus carencias y con todos sus conflictos internos) constituye un recurso institucional clave. No aprovechar esta herramienta disponible significa alejarse de la optimización en la asignación de los recursos externos de cualquier proyecto social rural, sobre todo si está relacionado con la educación.
miércoles, 26 de agosto de 2009
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